José María Aznar López
¿Qué se puede decir de este hombre que no haya sido dicho ya? Un ser que no es una persona, sino un proyecto político en sí mismo, que convirtió en realidad su frase más famosa: “España va bien”. Una frase que forma parte del pasado, ya que ahora ni va bien ni, gracias a la rojería pancartista de tapas y cañas, es ya España.
Su carácter político viene sin duda marcado desde su juventud, cuando lideró el Frente de Estudiantes Sindicalistas (FES), poco antes de convertirse en inspector de Hacienda. Pronto empezó con la política ocupando diversos cargos en Castilla la Vieja hasta que con apenas 36 años es nombrado candidato a la presidencia por el Partido Popular e inicia una meteórica carrera hacia La Moncloa que culmina apenas siete años después, en las elecciones del 96. ¿Qué hace falta decir de su política de aquellos años que no se encuentre en su ya celebérrimo “váyase, señor González”. ¡Qué lástima que no llegara unos años antes!
En su primera legislatura como Presidente, don José María se encarga de sanear la economía del despilfarro y la corrupción que hereda de, ni más ni menos, el manirroto de Pedro Solbes. Y lo hace con la ayuda de los partidos nacionalistas que le secundan en su gobierno. Porque era un gobierno de verdad y había un proyecto de España de verdad. En el momento en que ese sueño que llamábamos España cae en manos de una gente que no cree en él y lo deja en mano de la carroñería masónica de periferia, pasa lo que pasa. Porque el problema no son los nacionalismos, sino la gente que no sabe mantenerlos a raya.
En cualquier caso, fue mejor para todos que en 2.000 don José María alcanzara la mayoría absoluta y pudiera librarse de aquellos que sólo querían exprimir España. La segunda legislatura es la de la de poder gobernar a gusto, sin tener que dar explicaciones a nacionalistas ni a rojos vendepatrias. Se aprueban grandes leyes como la LOU, se crean importantes infraestructuras como la del AVE y se cimientan alianzas que hubieran sido fundamentales para el desarrollo de nuestro país de no haber sido truncadas por la ruptura socialista. Nos referimos, claro, a las grandes citas con los grandes líderes mundiales como los que se reunieron en las Azores.
Fiel a su promesa, en 2.004 se retira de la reelección dejando el paso expedito a una nueva etapa en la derecha liberal española marcada por un partido acomplejado por lo que es y, seguramente, por lo que no es tras la marcha de su líder. Eso y los turbios sucesos acontecidos entre el 11 y el 14 de marzo entregan el poder en bandeja al iluminado de La Moncloa, Rubalqaeda y el resto de secuaces.
Desde entonces, don José María ha seguido velando por los intereses de España allá dónde ha ido, con especial importancia para su trabajo en la FAES y en la Universidad de Georgetown como profesor invitado.
Actualmente forma parte del consejo de administración de la News Corporation de Rupert Murdoch desde dónde se rumorea que quiere desembarcar en algún grupo mediático español.
Cruzamos los dedos.
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